lunes, 30 de noviembre de 2015

El valor de la madurez

Secretos cruzados
(Míreni)

Con más de diez años sobre las tablas, Míreni ha alcanzado ya una considerable madurez como grupo. Eso se advierte en la consolidación de un grupo de veteranos actores (principalmente actrices) que cada vez se ven más cómodos en escena. Otro rasgo de esa madurez es la creación de una cantera en la que empiezan a despuntar rostros más jóvenes. Pero en el caso que nos ocupa, la señal más clara de madurez consiste en tener el valor de atreverse a salir del terreno conocido, del género en el que se han movido todos estos años, la comedia, para lanzarse a la aventura de un texto más serio y dramático.
No es algo nada fácil, y el público no siempre lo entiende. Lo sé por experiencia. Cuando representé con Kilkarrak La doble historia, o Diez negritos, me asombraba ver cómo el público, acostumbrado a nuestras anteriores comedias, estallaba en risas en momentos a priori nada risibles. Tal vez esperaban que no se tratara de un drama, sino de una especie de parodia de drama.
Ayer, en los Secretos cruzados de Míreni, fui testigo de algo similar. Algunos de los momentos en los que el texto presentaba más tensión fueron puntuados con incomprensibles risas por parte del público. Bien es cierto que, en otros momentos, sí que había ciertas intervenciones con clara intención de alivio cómico, que no sé si formaban parte del texto original o eran fruto de la adaptación realizada. Pero esto es normal. También nosotros, en nuestros Diez negritos, recurrimos en varios momentos a la comicidad buscada como contrapunto a la seriedad y la tensión general del suspense.
Sin embargo, y como suele ocurrir, una vez el público queda atrapado por la trama ya se olvida esa idea preconcebida, pero errónea, de que lo que estamos viendo pretende hacernos reír a toda costa porque eso es lo que se supone que se espera del grupo. Nos dejamos llevar a ese mundo de secretos, de miserias personales, acompañando a los personajes hasta la resolución final de la historia.

Para terminar, un apunte más personal y privado: Me emocionó ver en escena juntos a Marifé y a Adrián, madre e hijo en la realidad, a quienes conozco desde hace mucho tiempo... de hecho, creo que desde antes de que él naciera. Eso también dice bastante de otro tipo de madurez, en este caso de los años cumplidos. ¡Cómo pasa el tiempo!

Javi Hdez. (Kilkarrak)

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