sábado, 12 de septiembre de 2015

El Burgués gentilhombre en Olite

                                   
                                
                                GAT


 EL BURGUÉS GENTILHOMBRE, de Molière.

 XVI FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE OLITE



                                                                        



¿Qué tendrá para el ser humano la apariencia y la vanidad que lo perturba y lo enloquece hasta perder el más común de los sentidos? ¿Tiene precio la felicidad humana?
Por querer aparentar lo que no se es, muchos empeñaron sus vidas y las de los suyos, sin darse cuenta que el verdadero valor que uno tiene son sus obras y su yo interior. Teniendo a ambos bien alimentados de humildad, no habrá título en el mundo ni posesiones suficientes que puedan alterar la felicidad pretendida y que se alcanza cuando estamos en paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean.





Aunque no tocaba, porque debieron haber actuado a principios de festival pero se vieron obligados a suspender por la lluvia, el Grupo Alhama de Teatro, con su propuesta de El burgués gentilhombre de Molière, fue el encargado de clausurar un espléndido XVI Festival de Teatro Clásico de Olite.
Esta obra fue concebida por el maestro francés al recibir el encargo del mismísimo rey de Francia, Luis XIV. El monarca quería mostrar a su corte una obra amena, sencilla, fácil de comprender, con toques de humor y dosis de inspiración turca. Molière, quizá el dramaturgo francés más importante de todos los tiempos, supo conjugar todos los deseos de su rey y compuso una obra en la que él mismo interpretó el papel de protagonista.




El burgués gentilhombre es el Señor Jordán, un burgués vanidoso y alelado que sueña con pertenecer a la nobleza, incluso con formar parte de la corte del rey, y para ello empeña todo su tiempo y su dinero en contratar los servicios de los mejores sastres, así como de profesores ilustrados en distintas ramas como la esgrima, la música, el baile, la filosofía... Piensa que ilustrándose de tal modo alcanzará a materializar sus sueños.
El Señor Jordán, además, sueña también con casarse con una rica marquesa (a pesar de estar casado y tener una hija) y empeña toda su ilusión y su bolsa en hacerle llegar regalos a través de un conde venido a menos, amigo suyo, para que le prepare el matrimonio lo antes posible y ser, al fin, un marqués. Sin embargo, éste, en lugar de hacerle saber a la marquesa que son regalos de Jordán, se los entrega en su propio nombre para conquistarla.
Al mismo tiempo, la hija del señor Jordán quiere casarse con un apuesto joven a quien ama, pero su padre se niega al carecer de título nobiliario alguno que coloque a su hija en una aventajada posición social. Así las cosas, y con la ayuda de los empleados de la casa, la mujer y la hija de Jordán tramarán una gran venganza contra su esposo y padre, respectivamente, humillándolo al extremo y haciéndole ver que de la apariencia no se vive, que mejor un humilde trabajador con futuro que un noble sin un techo ninguno.
                                                                            
                                                                                 

                                                                             

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Tanto por el peso del personaje como por el nivel interpretativo alcanzado, sería injusto no resaltar la magnífica actuación y el dominio de la expresión gestual de Manuel Izal, un señor Jordán inolvidable. El trabajo desarrollado por los actores es muy notable, consiguiendo contagiar en todo momento a los espectadores la frescura y el desenfado que siempre son fiel reflejo del estilo de Molière. La directora, Rebeca Sanz-Conde, realiza una impecable labor al mantener una continuidad ininterrumpida en los distintos actos que se divide la obra. La idea de mantener la concepción original de la obra como una comedia ballet en la que los actores danzan en distintos momentos de la trama, y de enriquecerla incorporando ritmos muchos más actuales (una hilarante fusión minuet-reggueaton), resulta todo un acierto, pues consigue llevar al extremo situaciones que ya en sí mismas son una bomba de carcajadas.
El público, satisfecho y entregado, aplaudió a rabiar su actuación y entendió como un gran broche de oro a este burgués gentilhombre para dar por finalizado un inolvidable Festival de Teatro Clásico de Olite que ya va por su decimosexta edición y que goza de una salud envidiable, merced al buen trabajo realizado durante todo el año por su equipo organizativo, así como por el apoyo prestado desde el departamento de Cultura del Gobierno de Navarra.
Festivales como este son un verdadero lujo para la zona norte de España, y es por eso por lo que los habitantes de Olite y del resto de localidades que se desplazan hasta tan bella villa medieval, deben sentirse orgullosos y reivindicar el imparable poder que tiene la cultura, a través del teatro, para hacer de nosotros mejores personas. El teatro es ese mágico lugar en el que la inteligencia humana se muestra más pura y bella, y por eso es el arte más sincero.

                                                               





COMPAÑÍA
GAT
Grupo Alhama de Teatro

REPARTO
Lucas Eza, Antonio Martín, Manuel Izal, Javier Fernández, Mónica Garbayo, Ángela Jiménez, Mª Luz Sesma

EQUIPO ARTÍSTICO
Versión y dirección: Rebeca Sanz-Conde
Música original y adaptaciones: Antonio Jesús Asiáin
Coreografías: Silvia Ayala
Diseño gráfico: Ester Caballero
Diseño de espacio: GAT
Diseño de vestuario: GAT
Confección: Pili González
Diseño de iluminación: Juan Ripoll
Técnico de sonido y luces: Martín Arellano
Ayudante de dirección: Miguel Ayala






Articulo "El Gato Trotero"

Yolanda Toledo Villar
Santiago Navascués Ladrón.

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