viernes, 7 de noviembre de 2014

EN FORMACIÓN


FORMACIÓN DEL ACTOR

 
Actuar es fácil. Vivir es fácil. Basta con respirar y el teatro es esencialmente eso, vida. Vida con otra intensidad. Vida en un espacio reducido, el tiempo que dura una representación frente al público.

Por eso un actor la primera vez que sube a un escenario, solo con un texto aprendido y unas horas de ensayo y repetición para conseguir cierta seguridad, puede arrancar carcajadas, emocionar y atrapar al público con la magia del encuentro y el distanciamiento del público que produce el teatro.

El teatro es juego, disfraz, mentira... elevados a la categoría de arte. Es algo elemental y consustancial al ser humano y la herramienta artística del actor es él mismo con su historia, su personalidad, su cuerpo.

Por eso ¿qué podemos entender como formación del actor?

La formación del actor es un aspecto inabarcable. No hace falta aprender a vivir; se aprende con cada aliento, con cada experiencia. Uno se hace actor de la misma forma.

Un actor que aprende matemáticas, geometría, historia, biología, informática, mecánica, estética... respirará por sus poros su capacidad de abstracción, su dominio del espacio, la consciencia de su identidad, precisión, belleza... No lo podrá evitar;  en sus interpretaciones expondrá todo ese conocimiento, toda esa experiencia tejida en su piel que moldea sus músculos.

Pero si descubre en esa formación diversa una aplicación concreta a su trabajo de actor podrá hacer uso de un control con el que enriquecer infinitamente el valor artístico de sus actos sobre el escenario.

Un actor bebe de la historia y la biología para construir sus personajes, de la geometría para moverse en el escenario, de la matemática para jugar con ritmos y secuenciar la narración dramática, de la mecánica para precisar el gesto, de cualquier arte o ciencia para sublimar su entrega.

Porque la interpretación es un acto de entrega, de generosidad donde solo cabe una ética que tenga en cuenta al otro, un entrenamiento constante en el saber dar y en la humildad de saber recibir.

Hablo de la formación del actor; porque de actrices no sé nada. La sexualidad es fundamental en el teatro y la experiencia de un actor está ligada inevitablemente a su rol sexual, en mi caso al sexo masculino. Hombres: cultivar vuestra sensibilidad, explorar vuestra capacidad de emoción, expresar con libertad vuestros sentimientos, explorar la creatividad en vuestras derrotas.

Todo esto y mucho más forma parte de la formación de un actor.

El actor debe ser un hombre del renacimiento. Grandes actores lo han sido; pero no hace falta ser un Fernán Gómez, un Gassman, un Chaplin, un Fo. Basta con ser el mejor actor que podamos ser en cada momento de nuestra vida. Ser un artista de andar por casa o un pequeño genio doméstico no es poco, pero es necesario.

Y después del arte, o mejor de su mano, viene el oficio. El actor en cuerpo y alma es en si mismo su herramienta artística. Atención al cuerpo, atención a la voz, atención a la respiración, atención a la imagen, atención al gesto, atención al movimiento, atención a los mecanismos de la acción… Digo atención porque no siempre se trata de control, ni aprendizaje de técnicas o desarrollo de habilidades. Según como afrontemos nuestro teatro se tratará de vencer resistencias, de ampliar nuestras posibilidades, de mejorar nuestra consciencia, de captar estímulos creativos….

Es complejo esto de la formación del actor pero sin duda apasionante. Os animo a aprovechar cualquier oportunidad formativa que se os presente. Siempre descubriréis algo nuevo en vosotros y vuestras interpretaciones se enriquecerán con cada experiencia. No se trata de un continuo reinventarse, de una adaptación a nuevos retos, de una formación permanente y dinámica para estar al día. En el actor la formación relacionada con la actividad teatral, forma parte de nuestro desarrollo holístico, de una evolución multidireccional esencial en la creación de nuestra identidad de actor.

No quiero con esto apuntar hacia una posición ecléctica en la formación del actor; apunto hacia una toma de conciencia de la profundidad y complejidad de la entrega del actor para que cada uno descubra como realizar su encuentro con la ficción y su autonomía como creador de su herramienta artística, el actor mismo. Ir más lejos que el dominio virtuoso de  técnicas de interpretación.

¡Prepárense, que esto siempre empieza!

 
Javier Salvo
Noviembre 2014

 

 

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