martes, 30 de septiembre de 2014

CRÍTICA A LA CRÍTICA

El crítico periodista.

El crítico escribe. Todos sabemos el valor de la información en esta sociedad. Una crónica sobre una representación en un medio de difusión, es una invitación a no perderse una obra de teatro o a dejarla pasar sin pena. Esta es una gran responsabilidad frente al público y frente al grupo creador que ha dedicado un gran esfuerzo a montar una obra. El crítico se debate entre su deber de ser fiel subjetivamente a sus criterios artísticos recomendando al público aquellas obras que para él tienen algún interés o el interés de movilizar a la sociedad para que asista al teatro y viva en  carne propia la experiencia del encuentro teatral, siempre que le pueda crear alguna satisfacción.
Difícil misión. ¿A quién no le ha ocurrido?, escribir entusiasmado sobre una experiencia y defraudar a otras personas creando expectativas.

Por eso inicio esta crítica a los críticos con esta reflexión. Sin halagos y con sinceridad deberíamos afrontar la crítica amateur como un ejercicio de responsabilidad y compromiso con el hecho teatral como un todo. Con la necesidad que tenemos de crear nuevos públicos para el teatro. Personas que se nos acerquen  y queden satisfechas con la experiencia de asistir al teatro porque les entretiene, les increpa, les emociona, les hace sentirse vivas y partícipes de una inquietud cultural que sin duda supone una gran contribución a la humanización de nuestra sociedad.
 
Dicen de la crítica que debe ser constructiva.
 
Siempre lo es. Para el artista exponerse a la mirada del experto es una oportunidad de reflexionar sobre su obra desde una perspectiva y análisis externo siempre útil, aunque nos se compartan los argumentos del crítico.
El teatro amateur apenas merece esa atención por parte de los críticos; aunque en Navarra, cada vez más, vemos publicadas críticas de trabajos amateurs, conforme nuestras obras van ganando aceptación por parte del público y de los programadores en escenarios reconocidos.
Puedo poner de ejemplo mi caso. En más de cuarenta años de andadura teatral, nunca nuestro trabajo había despertado el interés crítico; sin embargo este año las dos obras en que he participado como productor, director o intérprete han recibido esa atención, siempre de agradecer, por parte de la crítica periodística.
Esta es mi primera crítica a los críticos. Reclamar un poco mas de atención a nuestro sector.
Los medios siempre han seguido la trayectoria de los grupos amateurs con cariño. Se han hecho eco de logros, reconocimientos, eventos… y nuestros estrenos han tenido su  anuncio o crónica recogiendo impresiones del público y valorando los esfuerzos; pero pocas veces cuentan con la atención experta del crítico.
El crítico espectador.
Otro aspecto a tener en cuenta es la posición del crítico como espectador.
Al público a veces le sorprende la buena ejecución de las obras realizadas por aficionados; pero no es precisamente eso lo que busca como espectador. El teatro amateur cuenta con un público a veces acostumbrado a acudir al teatro; pero espera que la emoción, el interés o la sorpresa en el encuentro teatral no venga de la perfección formal precisamente, sino de esa magia que a veces la tosquedad o la libertad creadora proporciona a la manifestación artística. También la magia surge del contagio del riesgo y esfuerzo del grupo por poner en pie y dar a conocer obras de autores locales, textos inéditos o poco comerciales.
El crítico a la hora de evaluar una obra amateur debería ser capaz de situarse al nivel de ese espectador y tomar partido por él; porque el teatro es siempre con el público y es esa comunicación la que deberíamos captar en las crónicas de una representación.
Es difícil, porque la butaca que ocupa el espectador entendido es a veces más rígida y distanciada. Nos volvemos directores, actores, autores de la obra que vemos y nos resulta difícil dejarnos llevar por esa experiencia vital que es la asistencia a una representación. Quizás la crítica amateur necesite de otras categorías cuando se analiza un espectáculo. El teatro tosco o sagrado que Peter Brok contrapone al teatro mortal en su “Espacio vacío”, necesita de otras miradas, más cercanas a sus objetivos, aunque estos objetivos siempre estén abiertos a la reflexión y a la revisión crítica.
Esta es otra crítica al crítico. Quizás si no es capaz de reaccionar como el espectador que tiene sentado a su lado, deba dejar reposar su experiencia al asistir a una representación amateur antes de realizar su análisis utilizando formas, criterios y categorías que  emplea al criticar una obra comercial o un proyecto institucional.

Javier Salvo

 

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