domingo, 1 de diciembre de 2013

Cultura y Tercer Sector

El Tercer Sector en la Cultura


Resulta complejo definir qué es cultura. Así a bote pronto y con amplitud, podemos decir que la cultura nos caracteriza como seres humanos. Algunos argumentarían que los animales también tienen sus culturas; pero lo que no es discutible es que toda actividad humana tiene una dimensión cultural.

Sin embargo como bienes y servicios culturales nos referimos a cuestiones más específicas: la música, la literatura, el teatro, las artes plásticas, la artesanía, el arte popular, etc. Estos bienes y servicios culturales atendiendo a la titularidad de sus productores pueden ser generados por el sector privado, el sector público o por el “tercer sector”, conocido también como “la economía social”. Estamos hablando del sector cultural desde una perspectiva económica. Nada en nuestra sociedad se libra de estar impregnado de una “cultura economicista”.

Vamos a descubrir algo, hablando del “tercer sector”. En el mundo anglosajón las entidades non-profit (no lucrativas) son consideradas como un sector específico e importante de las artes y la cultura de manera que han recibido un fuerte impulso como parte normal en la gestión de proyectos y servicios culturales.

En nuestro entorno, el término “tercer sector” se conoce más en el ámbito de la cooperación, educación o la asistencia social pero cada vez se utiliza más en el de la participación ciudadana en la cultura a través de asociaciones y fundaciones.

Además una parte muy importante de las organizaciones que encontramos en el sector cultural, pertenecen a este “tercer sector”, un sector asociativo, sin ánimo de lucro; pero que se mueve en un espacio que funciona con la lógica del mercado y mediado fuertemente por lo público.

En esta complejidad intervenimos las asociaciones con variedad de motivos, finalidades y formas de trabajo colectivo. Y en esa intervención, complementamos a veces, nos confrontamos otras o nos movemos con cierta ambigüedad entre lo público y lo privado. Somos diversos y complejos. Al fin y al cabo como las formas de ser y estar en este mundo.

Representamos  un espacio de participación no solo para espectadores,  aficionados o consumidores de cultura. También los que emprenden el arduo camino de vivir de una actividad artística encuentran en nosotros su lugar. Formadores, directores, técnicos, autores, músicos, escenógrafos, actores…, tienen en el sector asociativo dónde mantenerse activos o desarrollar proyectos menos mediatizados por la comercialidad.


En fin, el “tercer sector” en la cultura tiene una importancia creciente y cumple importantes fines: diversifica y hace más plural la política cultural, posibilita la desburocratización de la gestión de los proyectos culturales, canaliza el movimiento social con fines culturales y de alguna manera también corrige los fallos del mercado en el sector.

Por ofrecer cifras, que son parte importante en el lenguaje económico, se estiman que un 11% de las asociaciones sin ánimo de lucro existentes en España, trabajan en el ámbito de la cultura, un porcentaje similar al de las organizaciones que trabajan en cooperación y desarrollo. Respecto a nuestro sector teatral, la Confederación Española de Teatro Amateur Escenamateur, ofrece cifras espectaculares: 450.000 espectadores, 500 asociados, 5.000 personas dedicadas al teatro, sólo en las 9 comunidades autónomas asociadas.

Esta importancia creciente del sector, a pesar de su caracterización independiente, nos exige una gran responsabilidad social. El respeto que como artistas debemos al público, se traduce en un ejercicio responsable como ciudadanos por los recursos públicos que gestionamos y de alguna manera tenemos que mostrar a la sociedad una labor que no ofrezca duda de su interés cultural. Entre otras cosas debemos contribuir a que quede definitivamente desterrado el sentido peyorativo del término “aficionado” sobre la calidad de un espectáculo.

El “tercer sector” no debe estar considerado a la cola de los otros sectores, sino que  con sus características particulares tiene que cumplir otras  funciones que exigen un tratamiento administrativo, político y económico, específico, que fortalezca  relaciones de complementariedad con los otros sectores.


Javier Salvo

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