sábado, 9 de febrero de 2013

CUESTIÓN DE ACTITUD


CUESTIÓN DE ACTITUD


Me hablaron de un artículo en un blog.

Un actor y director navarro confesaba la turbación que sintió cuando, después de mucho tiempo, al decidirse a asistir a una función de aficionados, se encontró con que no había entradas para la representación de Bodas de sangre por el grupo El Bardo en el Teatro Gayarre.

Algo así les pasó a unas compañeras cuando quisieron ver hace unos días a la compañía Nacional de Teatro Clásico poniendo en escena La vida es sueño de Calderón de la Barca en el mismo teatro.

Cuando digo “algo así” me refiero a encontrarse con un llenazo. Pero que el Gayarre se llene de público con un grupo amateur, al actor navarro que escribió el artículo, le produjo un sabor “agridulce”. Sentía que el teatro profesional no encontraba esa proyección.

Cuestión de actitud. A mí que, desde mi condición periférica de actor aficionado, ni se me ocurre soñar con subirme a un escenario como ese, ni siquiera como figurante haciendo bulto, me produce una sensación muy diferente.

Me siento muy contento de que compañeros de teatro a quienes tengo que reconocer abundante esfuerzo y acierto escénico, tengan ese éxito y más cuando han sido elegidos merecidamente por sus compañeros de federación para representar al teatro amateur navarro por primera vez para los premios Max de teatro.

Digo merecidamente por muchas razones; pero voy a señalar una. En mi opinión desde los años setenta con El lebrel blanco, nunca un grupo amateur navarro había abordado un proyecto de esta importancia. Y esta vez el Bardo lo ha hecho con dirección, actores y técnicos que llevan más de cuarenta años en la escena, junto a jóvenes promesas que han tenido posibilidad de formarse en una Escuela Navarra de Teatro .

El Teatro con mayúsculas y con raíces no entiende de divisiones entre aficionados y profesionales.

Precisamente hace poco en el Gayarre asistí a una función que me emocionó como hacía tiempo no lo conseguía ninguna representación. Al terminar, el actor interrumpió los aplausos del público para decir dos citas que el sindicato de actores había pedido que se mencionaran después de cada función. La primera era de García Lorca sobre la necesidad de que los pueblos apoyen su teatro para sobrevivir. La segunda era un artículo de la Constitución Española sobre el acceso a la cultura como derecho de los ciudadanos.

Ni Lorca ni la Constitución se refieren a un tipo de teatro, a un tipo de actores y público. Lorca fue impulsor de una de las iniciativas mas importantes del pasado siglo, La Barraca, que contó con aficionados universitarios para acercar el teatro clásico a  las clases populares. Evidentemente la constitución en lo bueno y en lo malo es para todos y ese empeño de las administraciones públicas por empresarizar la educación, la sanidad, la cultura... tiene que ser respondido por los ciudadanos con reivindicación; pero también con trabajo.

En nuestro caso, en el teatro, y si queremos más específicamente en el teatro amateur, demostrando que el esfuerzo público porque se nos abran los espacios públicos, por obtener medios para la difusión, para la formación, para la creación, para el encuentro con el público... sea correspondido con una  contribución activa al desarrollo de nuestra cultura teatral.

El Bardo es un buen ejemplo en Navarra y se merece esa gratitud del público.


Javier Salvo

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