lunes, 19 de marzo de 2012

APLAUSOS AL PÚBLICO DE HUARTE

Hay actores a los que no les gusta corresponder al público con aplausos; de la misma forma que el público se expresa al acabar una función. No es por falta de agradecimiento, es mas por humildad. El actor se expone al público libremente, pero el público no necesita de ninguna aprobación por parte de los actores, no acuden a la sala para ser juzgados.
Sin embargo el público es parte esencial del encuentro teatral ¿Cómo corresponderle?, ¿cómo manifestarle nuestra satisfacción por su actitud, agradecerle su respeto y conexión con los artistas?

Los que contribuimos a poner en pie una función de teatro, en sus múltiples aspectos: interpretación, dirección, escenografía, vestuario, producción, difusión..., sabemos el trabajo que cuesta llegar hasta el momento mágico de la representación. El público, y más el público del teatro amateur, también conoce ese esfuerzo y lo agradece con aplausos. Pero también debemos reconocer en los espectadores ese esfuerzo por acudir al encuentro que les convocamos, ese esfuerzo económico que hay detrás del pago de una entrada y sobre todo en el pago de unos impuestos que sustentan necesariamente nuestra actividad.

Por eso creo que ayer sábado en Huarte fue especialmente importante que antes de comenzar la actuación, Javier Brianso, del grupo Kromlech, se dirigiera al público para pedirles su participación en una valoración del espectáculo que iban a ver. Al final el público  después de aplaudir con ganas, un poco confuso por la novedad, fue depositando su opinión en una caja.

Muchas gracias al público de Huarte por este gesto de colaboración; pero mi aplauso es sobre todo por acudir y por acudir “tan bien” a la cita que con tanto esfuerzo hemos procurado. Y digo “tan bién” porque los que hemos acudido como público con bastante asiduidad al Ciclo de Huarte desde el pasado año, vemos cómo el público va creciendo con los grupos en conocimiento, respeto, conexión y se ha ganado el calificativo que hay costumbre de otorgarle de “muy respetable”. Desde ese respeto y admiración mutua entre público y actores, nos retroalimentamos y crecemos mutuamente, es algo que se hizo muy evidente en la representación de “La cantante calva” ayer sábado a cargo de Teatralis.

Así entro en la valoración una función en que la actitud del público fue fundamental.

El texto de Eugène Ionesco es arriesgado. Es un clásico del teatro del absurdo. Una obra estrenada en 1950 que pudiera parecer que no tuviera demasiado sentido poner en pie en nuestros días.

No estamos muy acostumbrados a este lenguaje teatral sin significado aparente y la crítica social que expone la obra quizás parezca trasnochada; pero es un lujo poder disfrutar de esta obra sin respuestas, tan bien construida, con un lenguaje tan imaginativo. Y al asumir el riesgo de esos “quizás o pudiera ser”, Teatralis y Laura Laiglesia nos han descubierto que los comportamientos de la clase media inglesa en los años cincuenta presentados desde la distancia que da el absurdo, nos descubren lo absurdo de muchos de los comportamientos de las amplias clases medias de nuestra sociedad. Nos reírmos sabiendo que nos reímos de nosotros mismos.

Muy bien utilizado el lenguaje del clown por los actores. Este es el tipo de teatro que hace el niño, el osado payaso cuando da el salto y se enfrenta a una obra. Nadie diría que estos actores y actrices hayan surgido de un taller de teatro, hace pocos años. ¿Talento? ¿intuicción?...seguramente, pero también una buena formación y una dirección que los cuida orienta y prepara para ese espectáculo concreto, para ese encuentro particular del grupo con su público. Un aspecto más a tener en cuenta de la eficiencia amateur.

Laura Laiglesia se está descubriendo como una experta directora de grupos amateurs y hay que reconocerle esa capacidad de adaptarse a la personalidad del grupo y de trabajar con cada uno de la forma que le conviene y conviene a la obra elegida.

Por decir algo negativo, las dificultades que creó el espacio en algún momento a los actores y quizás la resolución final del conflicto que crea la pregunta del capitán de los bomberos sobre la cantante calva. No puedo desvelar el desenlace de la obra, por eso solo apunto que la atención que se presta a lo largo de la obra al juego dramático, muy bien resuelta en silencios y reacciones, con personajes bien construidos; quizás al final esté excesivamente coreografiada.

Y ahora vuelvo al principio, lo mejor el público y que me disculpen los compañeros de Teatralis, pero ellos mismos comentaron lo satisfechos que se habían sentido al ser acompañados de tan excelentes reacciones.



¡Un aplauso!





Javier Salvo




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